Sardón es el término que ha definido durante cientos de años a un paisaje modelado por el hombre y su forma de vida en una convivencia casi perfecta con la naturaleza. Sardón es el del monte lleno de maleza, el lugar donde la encina nace, vive y conforma el paisaje de estas tierras, junto con el granito y el agua que en forma de arroyos y fuentes naturales recorre sus campos. Así lo debieron de ver los primeros pobladores asturianos, galaicos y portugueses que donaron este término traído de su tierra para describir su nuevo hogar; sin saber nunca que tendría de apellido de los Frailes otorgado por los viejos dominicos de San Esteban de Salamanca.

De esto hace ya más de 800 años donde a golpe de cincel domesticaron el granito convirtiéndolo en la enseña de estas tierras, símbolo de su paisaje presente en las paredes de las cortinas, en las casas, en las iglesias o corrales, en las construcciones perecederas o en las que el hombre quería que fueran inmortales.



Dicen que el granito es gris y frío, sin embargo si te acercas en silencio y escuchas atentamente oirás sonidos que se pierden en la memoria, escucharás a los pastores, rabadanes y sus inseparables mastines cuidar de su ganado durante generaciones, oirás la rueca y el huso junto al crepitar de las llamas de la lumbre en el invierno, ruido de risas de niños, caricias de abuelos que con voz grave y silencios profundos compartían su sabiduría guardada y transmitida durante generaciones, tesoros de otras épocas que se pierden en la memoria del tiempo; oirás galanteos y risas adolescentes junto a las piedras de las viejas fuentes, noches alegres de un tiempo que parece que nunca quiso abandonar este lugar. Roca inerte que contempló la inmigración de mediados del siglo XX, los bulliciosos veranos con la vuelta de los que se fueron y los silenciosos y largos inviernos de los que se quedaron.

De todo ello aún hoy en día resisten restos de una cultura que pugna por no desaparecer y que invitan al viajero a entrar en este recóndito lugar, donde entre la memoria y el paisaje podrá perderse en un territorio donde el tiempo, simplemente, desaparece…

Fco. Javier San Vicente.