Adentrarse en el término de El Manzano es sumergirse en la naturaleza, encontrarse con caminos sembrados de interés por los cuatro puntos cardinales.

A cada paso emerge ante nosotros una asombrosa variedad botánica: plantas de todo tipo, robles y encinas milenarias, musgo y líquenes que nos aseguran la pureza del aire que mece las tierras de El Manzano.

Cercado de alturas, las aguas de invierno y primavera descienden rumorosas para formar una serpentina que se desliza bajo sólidas pontoneras de granito,  herencia de nuestros antepasados  y seña de identidad de nuestro pueblo.

Sorprende así la huella dejada por el hombre: los anchos campos de cereal, las charcas que en días claros reflejan como un espejo el lienzo natural que les rodea.

Inimitables los cánticos de las muchas especies de aves que surcan nuestros cielos intensos.

A cada paso, todo se convierte en paisaje, en un lienzo que muda de paleta en cada estación, casi a cada hora, reclamo natural del objetivo o el pincel de artistas que buscan plasmar la belleza de la calma.

Sumar a todo ello la imaginación: dejadla vagar libremente, transitar por tiempos lejanos, por historias y leyendas casi olvidadas, por vidas ajenas que enriquecerán y ofrecerán al visitante todo aquello que requiera de esta amable tierra.

 

María Sánchez García.